SUICIDIO

-Dedicado a Darío, quién no pudo esperar y partió antes-
La noticia de una persona conocida que se quita la vida constituye una inquietante pregunta para los que siguen viviendo. ¿Qué sentido tiene ese gesto? ¿De qué motivación ha surgido? ¿Qué mensaje contiene? Casi siempre el suicida logra hacer que surja un sentimiento de profunda inquietud y de culpa en el que sobrevive, porque replantea de modo dramático el problema de la existencia.
Ante tales interrogantes se buscan respuestas, que en parte intentan sondear la misteriosa intimidad de la víctima y en parte tienden a tranquilizarse a sí mismo. La filosofía y la reflexión ética han expresado tradicionalmente una valoración abstracta del fenómeno, considerándolo desde un punto de vista objetivo como algo moralmente ilícito. La aproximación al fenómeno mediante los instrumentos de la psicología y de la sociología desde hace algún tiempo han alterado las respuestas inmediatas, pero también las reflexiones abstractas. Sin embargo, el aspecto que hace hoy más actual el fenómeno del suicidio está estrechamente ligado a las transformaciones culturales relativas al significado de la vida y de la muerte.
La fiabilidad de los datos se ha puesto a menudo en discusión: ante todo porque no siempre es fácil establecer si se ha tratado de una desgracia o de un suicidio, especialmente si el difunto no ha dejado comunicaciones escritas que atestigüen su intención de quitarse la vida; pero sobre todo a causa del sentido de culpa y de vergüenza que despierta el suicidio; en efecto, cuanto más cerrada y tradicionalista es una región, tanto más se ocultan los datos sobre el suicidio. Por consiguiente, las estadísticas sólo pueden servir en parte, si se las utiliza como términos de confrontación con otras regiones; en cambio conservan validez, incluso en caso de subestimarlas, si se las usa para estudiar el fenómeno dentro de una misma región.
Se puede pensar que se produce el suicidio cuando se impone un cambio y se lo rechaza: tendríamos entonces un mecanismo de fuga; pero también se puede decir que se produce el suicidio para modificar un estado de cosas y acelerar un cambio. Particularmente el suicidio y su intento en los jóvenes pueden prestarse a esta lectura. Del mismo modo, el suicidio del anciano puede entenderse no tanto como la voluntad de acabar, cuanto más bien como una especie de exasperación del estado de muerte social padecido.
HISTORIA DEL SUICIDIO
La moral tradicional se ha ocupado del suicidio "directo", entendido como el acto por el que la persona se da directamente la muerte con libertad y conocimiento de causa.
Si se mira la historia, encontramos una doble valoración del suicidio. Los estoicos formulaban en ciertos casos un juicio positivo; Séneca, por ejemplo, condenaba el suicidio cometido sólo por deseo de morir, mientras que lo aprobaba cuando era un gesto de dignidad y de valor. En cambio, fueron contrarios al suicidio en la antigüedad Platón, que veía en él un acto de insubordinación contra la divinidad (Fedón, 6)
Aristóteles, que lo consideraba un acto vil, contrario al bien social (Eth. Nic. III, 11; V, 15); los neoplatónicos, que veían en el suicidio un impedimento a la plena liberación del alma y al cumplimiento en la vida terrena de la plena explicitación de las posibilidades del hombre.
Pero fue el cristianismo el que formuló de modo claro la condena del suicidio: la afirmación de que la vida es un don de Dios y el hombre sólo su administrador lleva a la conclusión de que no se puede disponer libremente de ella.
ENLACES DE INTERÉS:
http://www.suicidologia.org.ar/j.shtml Asociación Argentina de Prevención al Suicidio
http://www.saludalia.com/Saludalia/web_saludalia/urgencias/doc/documentos/doc/suicidio.htm Actitud ante el suicidio
http://www.aacap/publications/apntsfam/suicide.htm Información para la familia